El templo Man Mo: un remanso de paz
En medio del ajetreado distrito financiero de Hong Kong se encuentra un remanso de paz: el templo Man Mo. Esta construcción se dedica a dos dioses muy diferentes: Man Cheong (dios de las letras) y Mo (dios de la guerra). El templo lo levantaron alrededor de 1847 adinerados comerciantes chinos al principio de la etapa colonial de Hong Kong.
El olor del incienso
En el exterior encontrará decenas de videntes deseosos de leer el futuro a los turistas. En el interior, el ambiente, perfumado con los aromas del incienso y el sándalo, es intenso. Alce la vista para ver las decenas de espirales de incienso, uno de los rasgos de identidad del templo. Desde tiempos inmemoriales, los chinos queman estas espirales para llamar la atención de los dioses. Éstas se conocen también como el “alimento divino” y pueden arder durante semanas. El complejo está rodeado por decenas de tiendas que venden objetos inflamables de todas las formas y tamaños. Los chinos creen que pueden hacer que sus seres queridos estén a gusto y tengan buena suerte tras pasar a mejor vida. Aquello que no se puede poner en la tumba, aún se puede enviar “después”. Por eso, las tiendas venden un montón de cámaras, coches y dinero de papel que se pueden quemar en los hornos que hay en el interior del templo.
Colores de la suerte
Gran exponente de la arquitectura tradicional china, el templo Man Mo cuenta con impresionantes esculturas, tallas de madera y coloridos murales. El arte de su interior ofrece exquisitos ejemplos de la artesanía china. Dominan el rojo y el dorado, los colores chinos de la buena suerte y la prosperidad.
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Gastronómicas
Los habitantes de Hong Kong adoran la comida. Los 11.000 restaurantes de la metrópoli están abiertos a cualquier hora del día. Esta ciudad también es la meca para disfrutar de todo tipo de tentempiés, desde los pasteles de nata portugueses hasta los rollitos de cebollino chinos y los sorbetes de durián, con un fuerte olor.
Arte y cultura
En Hong Kong se erigen rascacielos relucientes y centros comerciales imponentes. Resulta difícil imaginar que, hace 150 años, esta metrópoli no fuese más que un pueblo pesquero. Los pescadores vivían allí en unos palafitos, que se mantenían sobre el agua gracias a unos pilares, y pescaban para alimentar a sus familias. Actualmente es posible ver aquel modo de vida en el pueblo pesquero Tai O.
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